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Todos los broches de esta página representan una figura femenina: una mujer de cuerpo entero con vestido de lunares y camiseta marinera, un retrato cortado a la altura de los hombros con gorra y gafas redondas, o una niña con sombrero de ala ancha. Ninguno se sujeta con alfiler. Dos piezas imantadas atrapan la tela entre ellas, así que la solapa de una americana, un pañuelo de seda o el asa de un bolso salen intactos.
Hay 9 productos.
Un broche imantado se pone en tres movimientos, y cada uno tiene su pequeña comprobación. Hacerlos en orden evita casi todos los contratiempos.
| Paso | Qué hacer | Qué comprobar |
|---|---|---|
| Elegir el sitio | Buscar una zona lisa a la altura del pecho, ligeramente hacia un lado | Que la tela no ceda bajo el peso del motivo |
| Separar las dos piezas | Dejar el motivo por delante y la pieza trasera por detrás de la tela | Que las dos queden centradas una sobre otra |
| Probar el agarre | Mover el hombro y girar el torso antes de salir | Que el motivo no bascule ni resbale hacia abajo |
Los motivos se leen en tres registros. La silueta completa muestra a la mujer de la cabeza a los zapatos, con los accesorios pintados uno a uno. El retrato se detiene en los hombros y vive de la cara. La niña monta una escena pequeña, con ramo o bolsito en la mano. Lo que decides al elegir es el tono que quieres dar: juguetón, gráfico o discretamente nostálgico.
Un alfiler siempre deja un agujero, por pequeño que sea. Aquí no ocurre, porque las dos mitades solo aprietan el tejido. Eso es lo que abre la puerta a la seda, el chifón y el punto fino, tejidos que normalmente no admiten un broche. El resto de la sección funciona igual, y se puede recorrer en todo lo que se lleva sin agujerear.
Se repiten tres direcciones: blanco y negro realzados con plata, azul marino templado con dorado, y rosa con oro rosa. Lo más sencillo es poner un motivo con contraste sobre una prenda lisa. A partir de ahí, busca un color que ya esté en el conjunto y deja que el broche lo recoja, sea el forro de una chaqueta o el herraje de un bolso.
Un paño suave y seco se lleva el polvo y las huellas. Lo que apaga estos acabados, tanto la resina como el metal esmaltado, es el perfume aplicado de cerca, la laca y el agua que se queda encima. Guarda las piezas planas y separadas unas de otras, porque los imanes se buscan entre sí y rayan la superficie.
El motivo figurativo es solo una puerta de entrada. La selección completa de broches para mujer reúne todas las familias y los dos sistemas de sujeción, alfiler incluido. Si te gusta la escena pero prefieres que no haya un rostro, los motivos del mundo animal cuentan historias parecidas.
La lana y el denim no dan problemas. El agarre baja cuando el tejido es muy grueso, o tan blando que no sostiene el peso del motivo. En ese caso conviene pasarlo al cuello de la prenda o a un accesorio de piel.
El roce diario contra una chaqueta apenas se nota. Lo que apaga el color son los disolventes, las cremas de manos y el agua que queda sobre la pieza. Secarla enseguida y guardarla lejos de la luz directa mantienen el contraste.
Se entiende de un vistazo, y ahí está la gracia. Una silueta parisina para quien sigue la moda, una niña con sombrero para quien disfruta del vintage, un retrato gráfico para un armario más actual.