El día que llueve rara vez avisa, y el paraguas que sirve es el que ya estaba en el bolso. Esta selección reúne paraguas plegables lo bastante compactos para quedarse ahí sin molestar. Los estampados van de los cuadros vichy a los lunares, de las rayas a las flores pequeñas, y terminan en los lisos más sobrios. En color, el negro y el azul marino conviven con el burdeos, el verde azulado y el caqui, junto a tonos más vivos como el fucsia y el rosa empolvado. La apertura, según el modelo, es manual, semiautomática o completamente automática.

Manual, semiautomático o automático: cómo se abre

Los tres protegen igual de bien. Lo que cambia es el gesto que haces al bajar del autobús con una mano ya ocupada. Los manuales se abren empujando el cursor por el mástil y son los más sencillos de todos. Los semiautomáticos se abren con un botón y se cierran a mano: es el equilibrio más habitual. Los completamente automáticos hacen las dos cosas solos, y eso cuenta cuando solo te queda una mano libre.

Qué paraguas encaja con tu estilo

El paraguas se ve antes que el abrigo. Merece la pena elegirlo pensando en la ropa que llevas de verdad entre semana, no en la que te gustaría llevar.

Perfiles de estilo y estampados que suelen encajar
Si tu estilo esEstampado que encajaColor que suele funcionar
Sobrio y de oficinaLiso o cuadros vichy pequeñosNegro, azul marino, burdeos
Gráfico y directoRayas anchas o lunares marcadosFucsia y gris, rojo y malva
RománticoFlores pequeñas o volantesRosa empolvado, verde anís
DesenfadadoCuadros vichy o rayas finasCaqui y verde azulado con vaqueros

Un plegable que cabe en el bolso

El mástil se recoge en varios tramos, así que el paraguas desaparece en un bolso de ciudad y vuelve luego a su funda. Un paraguas largo no lo permite. A cambio, un plegable soporta mal quedarse empapado dentro del bolso: déjalo secar abierto antes de plegarlo y evitarás las marcas de pliegue y el olor a cerrado.

Paraguas, bufanda y guantes: que hablen entre ellos

Abierto, el paraguas ocupa más sitio en la silueta que cualquier bolso. Si el abrigo es discreto, un estampado se convierte en el único punto de color y sostiene el conjunto. Si el abrigo ya lleva dibujo, el liso evita que dos estampados compitan.

Lo mismo vale para lo que se lleva a la vez. Una bufanda para las mañanas húmedas queda justo debajo de la tela: es más fácil repetir un color que sumar un segundo estampado.

Las manos sujetan el mástil y están siempre a la vista. Unos guantes para los días fríos en un tono que ya aparece en la tela bastan para que todo parezca pensado.

Con el resto de nuestros accesorios de mujer para todo el año la regla no cambia: un color que se repite, un estampado que manda, y nada que desentone.