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Un alfiler tradicional atraviesa el tejido. En un abrigo grueso da igual; en todo lo demás no: los dos agujeritos que deja no se cierran en un tejido de punto fino ni en la seda. El imán funciona justo al contrario, porque sujeta la tela entre dos piezas en lugar de atravesarla, y la trama solo queda comprimida.
La consecuencia práctica es que dejas de dividir el armario entre prendas que se pueden decorar y prendas intocables. El cachemir, una blusa fluida, un vestido forrado o un pañuelo de lana fina aceptan un broche magnético sin riesgo, y siempre puedes dar marcha atrás: lo cambias de sitio a media mañana, lo bajas del cuello al hombro, lo retiras antes de lavar la prenda.
Hay además un efecto menos evidente. Una prenda que nunca te habrías atrevido a pinchar se convierte de golpe en un soporte donde prender el broche, y esa misma pieza acaba al día siguiente en la solapa del abrigo. De una sola pieza salen así varias combinaciones sin necesidad de comprar otra.
El tono de un broche lo marca el motivo, no el acabado. A tres metros se lee la forma, y es la forma la que dice algo de quien lo lleva. En esta página conviven cuatro grandes grupos.
| Familia | Qué vas a encontrar | A quién le funciona |
|---|---|---|
| Animales | Gatos, perros, búhos, ositos, elefantes, tortugas, gallos | Quien busca cercanía y un punto de humor |
| Corazones y flores | Corazones simples, dobles y triples, margaritas, ramos vintage, árbol de la vida | Estilos clásicos y románticos |
| Figuras y retratos | Mujeres de los años veinte, niñas con sombrero, bailarina, parisina | Quien quiere una pieza que dé pie a la conversación |
| Formas y objetos | Círculos, espirales, clave de sol, zapato de tacón, cerezas | Armarios sobrios y gráficos |
Los gatos encabezan el grupo animal con diferencia y en todas sus versiones: gato negro vintage con lazo de lunares, gato bohemio en oro rosa con turquesa, gato de dibujos animados con los ojos grandes, gato art déco sobre fondo marrón y oro, una familia entera de gatos en tonos azules. Detrás vienen los perros con su lazo gris y blanco, los ositos en resina jaspeada, los búhos en marrón pastel y en versión floral, y figuras menos habituales como elefantes, tortugas, ratones y gallos esmaltados. Las abejas, las mariposas y la libélula arcoíris de 9 cm cierran el grupo.
En el registro romántico y floral mandan los corazones, sueltos, dobles y triples, en blanco, en tonos marrón dorado y en un contraste rotundo de negro y blanco. Entre las flores domina la margarita, sola o en pareja, junto a ramos vintage con perlas y medallones florales con cristales. El árbol de la vida aparece como espiral plateada, en nácar de 5,5 cm y en gris y negro. Si buscas solo ese registro, los modelos con forma de corazón están reunidos aparte.
Las medidas que aparecen en los nombres de los productos son la referencia más fiable para decidir. Un disco de 2,5 cm se aprecia solo de cerca, mientras que una figura de 7,5 cm se ve desde el otro lado de la habitación.
Como regla práctica, hasta 5 cm el broche sigue siendo un detalle, a partir de 6 cm se impone, y por encima de 7 cm conviene que sea la única pieza llamativa en el torso. También cuenta la altura a la que lo colocas: el mismo broche prendido justo debajo de la clavícula parece mayor que a la altura del pecho, porque el ojo lo lee cerca de la cara. Si quieres suavizar una pieza grande, bájala; si quieres lucir una pequeña, súbela.
Dos broches juntos funcionan, tres casi nunca. Si decides combinarlos, mantenlos dentro de la misma familia de color y alinéalos sobre una sola solapa en vez de repartirlos por todo el torso.
La solapa de la chaqueta sigue siendo el sitio de referencia, y con razón: ahí la tela va doblada y por tanto es estable, y la pieza queda a la altura de la mirada de quien tienes delante. Colócalo a media solapa, nunca arriba del todo, junto al cuello, donde la propia solapa lo tapa en cuanto mueves los hombros.
En el cuello de la camisa pasa lo contrario: solo funcionan los tamaños pequeños, apoyados en plano sobre una punta y siempre de uno en uno. En un pañuelo o una bufanda el broche gana una función añadida, porque sujeta los extremos, siempre que agarre dos capas y no una sola. La solapa de un bolso de tela, una boina o el bolsillo de pecho de un abrigo ofrecen ese mismo apoyo firme.
Hay dos sitios que conviene evitar. El primero es la altura del cinturón, donde la tela se tensa y cede cada vez que te sientas y te levantas. El segundo es el hombro de una prenda que llevas debajo del abrigo: la pieza roza, el imán se desplaza y al final del día aparece en el forro.
Los acabados de esta página se agrupan en tres familias: metales pulidos, materiales de color y engastes de piedra. El esmalte y la resina aguantan los golpes bastante mejor que las piedras engastadas, cuyas garras acaban enganchándose en los hilos del punto.
El plateado se lleva bien con grises, azules y negros; el dorado calienta los camel, los marrones y los blancos rotos; y el oro rosa se sitúa en medio y luce especialmente sobre tonos empolvados y crudos. Con esas tres tonalidades cubres ya buena parte de un armario.
La resina, jaspeada, ambarina o con pátina, aporta una matidez que contrasta con el metal pulido. A igualdad de tamaño pesa bastante menos, y eso es justo lo que decide en tejidos que caen con fluidez. Los engastes de cristal, en cambio, viven de la luz: lucen de noche y se apagan bajo una iluminación plana de oficina. El esmalte, por su parte, es el más estable en color, aunque pide una prenda tranquila porque sobre estampados se pierde.
Un broche no compite con unos pendientes, pero sí con un collar, y ahí es donde suele torcerse el conjunto. Si llevas collar corto, el broche se aleja: solapa baja, bolsillo de pecho o incluso el bolso. Con un collar largo, en cambio, la solapa queda libre y el broche puede ocupar su sitio habitual sin estorbar.
Con los metales conviene aplicar la norma con menos rigidez de lo que se suele decir. Mezclar plateado y dorado funciona siempre que uno de los dos mande claramente, y el oro rosa hace de puente entre ambos con bastante naturalidad. Lo que sí desentona es juntar dos piezas con brillo intenso (un broche de cristales y unos pendientes de circonitas, por ejemplo): acaban restándose luz la una a la otra.
Una pieza magnética pide muy poco, pero lo que acorta su vida es el calor y la humedad, no el uso diario. El perfume, la laca y la crema de manos van antes de ponerte el broche, nunca después.
Tras llevarlo basta con un paño suave y seco que retire lo que ha dejado la piel. Para guardarlos vale una sola regla: mantén los broches separados, o los imanes se atraen y se rayan. Un joyero con compartimentos, o simplemente una bolsita por pieza, resuelve el problema.
Los modelos pintados y esmaltados es mejor guardarlos lejos de la luz directa, que en una o dos temporadas apaga los colores vivos. Y quítate el broche antes de lavar o planchar la prenda, porque el calor de la plancha deforma la resina y debilita el imán de forma permanente. Si además te interesan los modelos con alfiler clásico, la sección de broches de mujer reúne los dos cierres en un mismo sitio, dentro del apartado de accesorios de moda.