Este broche ratón se mueve, y ahí está su gracia: las dos patas cuelgan de anillas y se balancean al andar. Se sujeta sin alfiler, con un imán alojado en la cabeza y un disco dorado que se apoya detrás del tejido. El ratón va de pie, cabeza esmaltada marrón, cuerpo cubierto de círculos estampados en azul, rojo y ocre. Las medidas están en la ficha del modelo.

Casi todos los broches figurativos son piezas quietas. Este no: tiene partes que se balancean, y eso cambia dónde conviene llevarlo, cómo se coloca y qué hay que revisar de vez en cuando. Lo que sigue parte de ese movimiento y se apoya solo en lo que muestran las fotografías del modelo.

Lo que se mueve, y lo que no

La cabeza y el cuerpo forman una pieza rígida. Debajo cuelgan dos patas articuladas, unidas por anillas, que oscilan con cada paso y terminan en dos zapatos marrones. El resto está fijo: las orejas color crema con el filo dorado, el lacito naranja del cuello, la cola enroscada. Vistas de frente, esas dos varillas colgantes son lo primero que delata que la figura está de pie y no tumbada, algo poco habitual en un broche animal. Conviene saberlo antes de comprar, porque el peso queda abajo y no en el centro de la pieza.

Por qué el movimiento decide el sitio

Si el tejido cae suelto, ese peso inferior hace girar el broche y el ratón acaba mirando al suelo. Sobre una zona firme se queda quieto: el canto de una solapa, la tira del cuello, la cartera de un bolsillo, el asa de un bolso. Un cuero o una lona rígida sujetan mejor que un tejido suelto, aunque en ese caso hay que poder llegar por dentro para colocar el disco. Sobre una gasa o una seda el agarre existe, pero la tela se marca en vertical bajo la pieza; con un tejido muy acolchado el imán ya no alcanza a su disco y la sujeción se pierde. Entre esos dos extremos está la mayor parte del armario, y ahí el broche no da problemas.

El cierre, pieza a pieza

No hay alfiler en ninguna parte. En el respaldo de la cabeza va alojado un imán redondo, y frente a él se coloca un disco dorado de canto labrado, por el lado interior de la prenda. El tejido queda sujeto entre los dos y no aparece ningún agujero. Quien pierde el disco se queda con una figura bonita y sin manera de sujetarla, de modo que cuenta como parte del broche tanto como la propia figura. Los demás cierres del catálogo, imán o alfiler, están reunidos en la página de broches de mujer.

Resumen

Detalles del modelo
CabezaEsmalte marrón brillante, orejas crema, lacito naranja en el cuello
CuerpoCírculos concéntricos y rosetones en azul, rojo y ocre sobre crema
MetalUn mismo tono dorado en orejas, cola y varillas de las patas
CierreImán en la cabeza y disco dorado independiente
Parte móvilDos patas articuladas colgadas bajo el cuerpo

La ficha es la que da la medida en centímetros: cada animal de la serie tiene su propio recorte y no existe una talla común. En el mismo registro figurativo hay otras siluetas animales, reunidas entre los otros animales del catálogo.

La costumbre de comprobarlo antes de salir

Con una pieza que se balancea, el gesto útil no es limpiarla sino tirar suavemente de ella antes de salir de casa: si cede, el disco está mal centrado y se recoloca en dos segundos. Las anillas de las patas merecen el mismo repaso de tanto en tanto, igual que se revisa el cierre de un pendiente: son piezas que trabajan cada día y se abren antes que el resto. Guardado, el broche viaja con su disco pegado, nunca por separado.

Preguntas frecuentes sobre el broche ratón

¿Se oye el movimiento de las patas?

Las varillas son ligeras y chocan entre sí, así que en un sitio silencioso se percibe un tintineo muy leve al caminar. Sobre lana o punto el sonido desaparece porque el tejido amortigua el golpe.

¿Aguanta bien en una chaqueta vaquera?

Sí, y es uno de los soportes más cómodos: el algodón grueso es firme, la solapa suele ir doble y el disco encuentra sitio sin forzar la tela. Sobre una costura muy marcada conviene desplazarlo un centímetro para que apoye en plano.

¿Es apropiado para un regalo de trabajo?

Depende de la persona. El movimiento de las patas atrae la mirada y el estampado no pasa desapercibido, así que funciona con quien disfruta explicando lo que lleva puesto, y bastante menos con quien prefiere un detalle que nadie note. Quien busque esta forma de sujeción sobre un dibujo más geométrico la encontrará en las abejas, mariposas y libélulas.