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Son mochilas de ciudad, no de montaña. Casi todas llevan un estampado: follaje tropical, mosaicos gráficos, planos pastel, ilustraciones dibujadas. Otras apuestan por el material, de la polipiel texturizada al corcho natural. Los formatos van de compactos a medianos, con tirantes regulables y, según el modelo, un asa superior o un bolsillo trasero con cremallera. Algunas se llevan también en la mano o cruzadas. Las medidas y los materiales aparecen en cada ficha de producto.
Hay 9 productos.
Cartera, móvil, llaves, un neceser pequeño, gafas de sol. Añade una botella y un libro de bolsillo y el compartimento principal queda lleno en su punto. Varios modelos admiten una carpeta A4 o una tableta fina, y ahí está la frontera real entre la mochila de los recados y la que te llevas a la oficina.
Frente a un bolso de hombro ganas una cosa concreta: el peso se reparte entre dos tirantes en vez de uno. A los diez minutos ya no lo notas.
Las fichas indican el color de cada modelo. Estos son los grupos que encontrarás y la ropa con la que funcionan sin esfuerzo.
| Azul y marrón | Vaquero, camel y punto crudo; el contraste entre cálido y frío se sostiene solo |
|---|---|
| Negro y rojo | Abrigo negro y botas; el rojo funciona como único punto de color |
| Rosa y negro | Prendas lisas y claras; sobre estampados pierde fuerza |
| Blanco, camel y caqui | Gama neutra que encaja con casi todo, también en la oficina |
| Beige | Tono natural del corcho, cómodo con lino y algodón en verano |
El multicolor pastel es el más difícil de colocar y el más agradecido cuando aciertas: pide ropa lisa alrededor y nada más.
Un follaje tropical o un mosaico gráfico se basta solo. Llévala con un vaquero sencillo y una camiseta lisa y la mochila se convierte en lo único que se mira. Junto a un abrigo estampado, en cambio, se restan fuerza el uno al otro.
Los bicolores y los planos pastel encajan mejor en un entorno de trabajo. Parecen elegidos con cuidado más que juguetones, y siguen viéndose ordenados después de vaciarlos y llenarlos cinco veces en una mañana.
La polipiel texturizada mantiene la forma aunque cargues la mochila de forma desigual, y admite bien remaches y costuras a contraste. El tejido resistente al agua soporta un chaparrón corto y suele venir con cierre magnético y espalda acolchada. El corcho natural va por libre: ligero y resistente a la intemperie.
Ninguno de los tres pide mucho. Un paño apenas húmedo basta para el polvo y las marcas de dedos. El corcho se desempolva primero en seco. Y los sintéticos no deben secarse sobre un radiador, porque la superficie se endurece y marca los pliegues.
En una mochila el cierre importa más que en cualquier otro bolso, porque mientras la llevas puesta no lo ves. Una cremallera cierra del todo el compartimento y es la opción tranquila en un metro lleno. El cierre magnético se abre con una mano pero deja una abertura mayor, y la solapa con broche metálico va más lenta a cambio de proteger mejor la boca de la mochila.
El bolsillo trasero merece una mirada aparte. Pegado a la espalda y con cremallera, es donde deben ir el móvil y el tarjetero: el único bolsillo que nadie alcanza mientras caminas.
Si la mochila no es tu formato, el conjunto de nuestros bolsos de mujer reúne shoppers, bandoleras y riñoneras. Y si lo que te ha frenado es el material, la selección de bolsos de corcho lleva el mismo corcho a otras formas.