Un aro clásico dibuja una sola línea. Aquí los anillos se cruzan y se montan unos sobre otros, aunque la silueta sigue siendo redonda y se reconoce de lejos. La diferencia se aprecia sobre todo en movimiento: la luz se reparte por los bordes en vez de resbalar por una superficie lisa.
| Forma | Aros formados por varios anillos entrelazados |
|---|---|
| Diámetro | 2 cm |
| Material | Acero inoxidable |
| Acabado | Dorado |
| Cierre | De presión |
Con 2 cm de diámetro el par se queda a media altura del lóbulo: se nota más que el arito que ni te quitas para dormir, y queda muy lejos del aro que roza la mandíbula. Es el par que te pones por la mañana sin pensarlo y que sigue valiendo para una cena. El resto de formas las tienes en la página de pendientes de acero.
El acero inoxidable no se ennegrece al aire ni cambia de color con el sudor, así que puedes dejar el par a la vista en lugar de guardarlo cada noche. Un paño suave le devuelve el brillo. Aquí el dorado es el acabado de color, y combina con el camel, el crudo, el verde oliva y los tonos cálidos del otoño.
El poste recto atraviesa el lóbulo y la mariposa encaja por detrás. El agarre sigue firme al final del día y, después de un par de veces, lo cierras con una mano. Los anillos son huecos y no macizos, por eso el peso apenas se nota.
Con el pelo recogido se ven enteros. Suelto, asoman entre los mechones y siguen leyéndose sin competir con nada.