Bolso de mano a cuadros camel, chocolate, arena y blanco, dividido por franjas negras y salpicado de recuadros estampados con florecitas grises. Mide 27 x 20 cm con 12 cm de fondo, las asas suben 16 cm y pesa 0,7 kg.
La correa camel se engancha con dos mosquetones y se quita en un gesto, un lazo cuelga de una cadena oscura en el frontal y detrás corre una cremallera horizontal. La base lisa se apoya en cuatro pies metálicos.
Veintisiete centímetros de ancho por doce de fondo dan para el día normal: cartera, funda de gafas, móvil y un paraguas plegable van dentro sin pelearse. Lo que no entra es un portátil de trece pulgadas, porque los veinte centímetros de alto lo dejan fuera por bastante. Conviene saberlo antes de pedirlo, sobre todo si vienes de un bolso de formato cabás.
Detrás, sobre una franja camel lisa, hay una cremallera horizontal con tirador oscuro. Queda a mano cuando llevas el bolso colgado, así que es donde acaban las llaves si no quieres oírlas moverse dentro. Para ver los que mantienen la forma y los que ceden, la página de la sección los reúne a todos.
En el frontal, hacia la izquierda, cuelga un lazo del mismo camel que las asas. No está cosido: va sujeto a una anilla y a una cadena de metal oscuro enganchada a la pestaña del asa izquierda. Más arriba, centrada sobre un recuadro estampado, hay una placa metálica con la palabra Gallantry.
Son los dos únicos apliques del frontal, los dos en metal oscuro y no en plateado brillante. Todo lo demás es dibujo: bloques camel, chocolate, arena y blanco separados por franjas negras. Entre esos bloques asoman recuadros con florecitas grises dentro de rombos punteados, bajo las asas, en los cantos y en la parte baja.
La ficha del fabricante da cinco cifras, y juntas dicen algo que la foto no cuenta: el bolso es más ancho que alto, veintisiete contra veinte. Esa proporción tumbada es la que lo hace parecer mayor de lo que mide.
| Ancho | 27 cm |
|---|---|
| Alto | 20 cm |
| Fondo | 12 cm |
| Altura de las asas | 16 cm |
| Peso | 0,7 kg |
| Correa | Desmontable, dos mosquetones |
La base va en camel liso, cruzada por una costura de lado a lado y rematada con cuatro pies metálicos en las esquinas. Son ellos los que reciben el roce cuando dejas el bolso en el suelo del metro o sobre una mesa de bar.
Las dos asas redondeadas suben dieciséis centímetros: sirven para la mano y para el antebrazo, no para el hombro. Para el hombro va aparte una correa camel que se engancha con dos mosquetones oscuros a las pestañas laterales. Son dos maneras de llevarlo pensadas para momentos distintos, el asa para el trayecto corto y la correa para el que dura. La correa viene con una sola longitud, sin hebilla ni pasador. Si prefieres los formatos que aguantan de pie el trayecto entero, mira los que aguantan el metro y la bici.
De lunes a viernes cumple sin pedir atención. Un vestido negro liso y unos botines marrones dejan el día resuelto, y en una reunión el dibujo del bolso hace de único adorno: ni collar ni pañuelo hacen falta. Cuando el armario de invierno se llena de gris y de negro, este camel es de las pocas piezas que devuelven algo de calor sin desentonar.