Lo primero que se nota al cogerlo es que cierra de lado a lado con cremallera, sin solapas ni imanes que dejen la boca entreabierta. Va lleno y sigue cerrado.
Delante, cuatro telas distintas se reparten la cara en diagonal: lona gris arriba, una franja plateada que devuelve la luz, una zona ancha en gris marengo con efecto lavado y un tejido negro acanalado en el borde derecho.
El cierre no es un detalle menor en un bolso de este tamaño. Aquí la cremallera va de un extremo al otro de la boca, de modo que lo que llevas dentro no se ve ni se mueve cuando caminas deprisa. Por fuera hay otras dos cremalleras, una en cada cara, y una tercera dentro, cosida al forro. Ninguna de las tres se pisa con las demás: cada una está pensada para un tipo de objeto distinto, la del frente para lo que sacas cada rato, la de detrás para lo que prefieres no enseñar, la interior para lo pequeño.
La cara delantera cambia de textura tantas veces como de tono: lona mate arriba, franja plateada a la izquierda, gris marengo lavado abajo y un tejido acanalado a la derecha, el único que sobresale al tacto. La trasera va justo al revés, un panel liso sin ningún corte, con la cremallera horizontal casi invisible sobre la tela. Que una de las dos caras esté vacía no es un descuido: es lo que impide que el bolso resulte recargado a pesar de las cuatro telas.
Con 43 x 30 x 14 cm te cabe un jersey doblado además de lo de siempre; lo que no consigue es aparentar menos volumen cuando lo llevas medio vacío, porque la tela cede y el bolso se recoge sobre sí mismo. El forro es lo contrario del exterior: estampado geométrico en blanco y negro, cubriendo también el fondo. Buscar unas llaves ahí dentro no es lo mismo que buscarlas en un forro negro.
Las dos asas planas negras van sujetas con ojales metálicos plateados y pasan por encima de la manga de un abrigo. La bandolera es otra cosa: se engancha con dos mosquetones a las anillas de las esquinas superiores y se acorta con una hebilla corredera. Quitada, el bolso vuelve a ser de mano; puesta, el peso baja hacia la cadera. Nada de agua a chorro sobre el tejido acanalado: se limpia con el paño bien escurrido y siempre en el sentido de las líneas, nunca al través.
Si dudas entre una hechura blanda y una rígida, mira los bolsos de mano montados con varias telas: fíjate en el ancho de la boca, que es lo que decide si el bolso se abre de par en par o solo lo justo.
La misma idea aparece en lo que esta firma ha hecho con otros tejidos, con recortes y tonos que no se repiten.