Gafas de sol con cristales rojos en forma de corazón, sujetos por pequeños tornillos dorados. Debajo del puente cuelgan dos plaquetas transparentes, las únicas piezas que no son ni rojas ni doradas. Cada varilla termina en una punta negra.
De frente casi todo es cristal. Dos corazones rojos, un puente dorado en medio, unas cuantas cabezas de tornillo a los lados y poco más. El contorno que reconoces de lejos lo dibuja el propio cristal, no un aro que lo rodee.
Colgadas del puente, las dos plaquetas que se apoyan en la nariz son de plástico incoloro. Es una decisión que se nota poco y cambia bastante: si fueran doradas, el metal se leería como una franja continua de sien a sien; al mirarte de frente, en cambio, lo que se ve es un corte limpio justo entre los dos corazones.
Tres comprobaciones rápidas, y en este orden:
Al lado de este corte hay formas cuadradas y redondas, y conviene ver qué siluetas comparten esta balda antes de quedarte con un corazón.
Un par así cierra un conjunto en vez de abrirlo, y por eso se guarda con las piezas pequeñas que te pones al final. Con ropa lisa el rojo hace todo el trabajo. Un corazón ya es una forma que se mira dos veces y no necesita competir con nada más.
Ficha técnica