El caramelo de la montura no tiene el mismo tono en todas partes: se aclara en los laterales, donde el plástico se afina, y se cierra casi en negro sobre el borde alto de cada aro. De ahí que la parte de arriba de la cara quede subrayada por un trazo más marcado, mientras las varillas doradas reducen los lados a dos líneas finas de metal. Si las llevas en el bolsillo exterior del bolso, esa línea oscura es lo primero que reconoces al sacarlas.
El frente está cortado en un plástico caramelo translúcido que deja pasar la luz en lugar de bloquearla. Mirado a contraluz, el material enseña unas partículas brillantes muy finas repartidas por dentro, que aparecen sobre todo en la vista trasera. No es un color plano: es un tono que cambia según el grosor de la pieza.
Basta girar la montura para ver cómo se comporta el mismo material en cuatro sitios distintos.
Las lentes siguen el mismo camino que el frente: marrón cerrado en la parte de arriba, mucho más claro al llegar al borde de abajo.
Las varillas salen de una bisagra situada en la esquina exterior de cada aro, marcada por un pequeño remache redondo. Cada una es una pletina de metal dorado, plana y estrecha, que termina en un largo terminal de plástico marrón afilado y curvado hacia abajo. Es la única parte de las gafas donde el metal manda sobre el plástico.
Si dudas entre acabados, compara con las monturas transparentes y las moteadas antes de quedarte con una sola.
Verlas puestas ayuda a decidir, y los espejos y las diademas del neceser están en la sección de al lado.
Ficha técnica