La varilla marrón se adivina a través de la parte baja de la lente y se pierde detrás de la parte alta. La transparencia no es la misma arriba que abajo, y eso salta a la vista con las gafas cerradas sobre la mesa.
Delante no hay montura: el cristal va sujeto por piezas doradas, con el borde superior tallado y sin nada que lo cubra.
Cierra las gafas y déjalas sobre la mesa, con las varillas plegadas por detrás del cristal. Por la mitad de abajo verás el marrón de las varillas asomando a través del rosa; por la mitad de arriba, el lila las oscurece hasta dejarlas en una sombra difusa. La lente no filtra igual en sus dos tramos, y la diferencia solo aparece cuando hay algo detrás que mirar. Para compararlo con otras lentes, echa un vistazo a los cristales teñidos del mismo apartado.
Sobre la cara el reparto se invierte respecto a lo que veías en la mesa. El tramo alto queda a la altura de la ceja, donde no hay nada detrás salvo tu propia piel, y el tramo bajo cae sobre la mejilla. Desde fuera, entonces, quien te mira distingue algo del ojo por la zona rosa y prácticamente nada por la zona lila. Es un filtro desigual a propósito, pensado para que cada mitad haga un trabajo distinto.
Una varilla que se transparenta deja de ser una pieza escondida y empieza a contar. El marrón participa entonces en el conjunto también de frente, y no solo de perfil. Conviene recogerlo cerca de la cara antes que en el resto del cuerpo, porque es ahí donde se ven las dos cosas a la vez. Mira las pinzas que sujetan el pelo a esa altura.
Ficha técnica