Un filo blanco recorre la parte baja de cada aro y no pasa de ahí. ¿De dónde sale? Del interior de la montura, que es blanco de lado a lado y se deja ver por debajo del negro.
¿Y el final de la varilla? Ahí el dorado se corta en seco y deja paso a un terminal negro mate. Las lentes, por su parte, no añaden un tercer color.
¿Qué hace que una montura tan sobria de color llame la atención? La silueta. Los extremos del aro suben por encima de la ceja y ahí se estrechan hasta casi desaparecer, mientras la parte de arriba se mantiene ancha y redondeada. Es la forma mariposa de siempre, con una diferencia: aquí el negro se queda en la cara exterior.
¿De dónde sale entonces la línea blanca que se ve de frente? No está pintada. Es el interior del aro, blanco en toda su extensión, que aparece por debajo del borde. Por eso el grosor del filo cambia allí donde cambia el del aro y no en otro sitio. ¿Y por detrás? Ahí el blanco ya no es una línea: ocupa la cara entera, puente y bordes al mismo nivel. Si dudas entre este planteamiento y los que reparten dos colores por una misma cara, compáralo con las monturas de sol del catálogo.
¿Dónde se interrumpe el dorado? En ningún punto intermedio: la varilla llega dorada desde la bisagra hasta el terminal.
| Frente | Negro brillante por fuera, blanco por dentro |
|---|---|
| Lentes | El mismo gris humo en el centro y en los bordes |
| Varillas | Doradas desde la bisagra, sin interrupción de color |
| Terminales | Negro mate, con el remate ligeramente curvado |
¿Combina con algo de color? Sí, siempre que ese color quede lejos de la cara: un pañuelo atado al asa del bolso funciona mucho mejor que uno anudado al cuello. Quédate con el filo, que es la pieza más pequeña y la que decide cómo se leen las otras tres.
Ficha técnica