El marrón no baja hasta el borde. Se cierra en la franja alta, empieza a ceder a media lente y llega abajo casi en nada. Esa altura decide lo que se ve a través de la lente: arriba nada, abajo casi todo. Las varillas son marrones, con veta que imita la madera.
Mira la lente de frente y busca el punto donde cambia el tono. El marrón cerrado ocupa la franja de la ceja, pierde fuerza en el centro y al llegar al borde inferior ya casi no queda color. Ese cambio cae a la altura de los ojos, no más abajo. Merece la pena ver cómo se comporta el degradado en otras monturas.
Si el corte bajara, la parte clara quedaría fuera de la zona por la que se mira y las gafas acabarían comportándose como una lente oscura sin más. Si subiera, el marrón dejaría la ceja descubierta. Aquí la franja clara cae justo donde trabaja la mirada, y ahí es donde sirve. Cinco detalles completan el conjunto:
Un marrón solo en la cara puede quedar descolgado del resto de la ropa. Basta con que otro punto recoja el tono para que las gafas dejen de ir por libre. Un cinturón cumple ese papel mejor que un bolso: queda a la vista todo el rato, a la altura de la cintura y lejos de la cara, así que repite el color sin competir con él. Con dos puntos basta; tres ya empiezan a leerse como un uniforme. Si buscas ese apoyo, mira lo que hay en la sección de cinturones.
Ficha técnica