Hojas blancas sobre un fondo caqui, en el brazalete y también en la esfera. No hay nada que abrochar: el brazalete se estira, la mano pasa y luego vuelve a ceñirse a la muñeca.
Los números negros son bien anchos, así que la hora se lee al instante aunque debajo haya estampado.
El brazalete está hecho de eslabones planos elásticos: se abren, vuelven a su sitio y no hay hebilla ni medida que elegir. Con dos dedos lo abres, pasas la mano y se ajusta solo. Por la mañana eso se agradece. Si es justo el sistema que buscas, encontrarás otras esferas montadas igual entre los relojes de eslabones planos.
| Combinación de color | Caqui y blanco |
|---|---|
| Dónde va el estampado | En la esfera y en el brazalete |
| Esfera | Redonda, fondo caqui estampado |
| Brazalete | Eslabones planos que se estiran |
| Cierre | Ninguno |
El estampado no se queda en el brazalete: sigue por la esfera, donde hojas blancas sobre caqui dibujan un follaje ligero. La caja redonda, en color plata, lo enmarca sin quitarle protagonismo. Los doce números árabes negros son de trazo ancho, de modo que la hora se lee de un vistazo incluso sobre ese fondo movido.
El caqui se lleva bien con los tonos tranquilos: vaquero crudo, punto crema, lino sin blanquear. El blanco del follaje enlaza con una camisa lisa y une el reloj al resto del conjunto. Sobre una manga oscura de invierno destaca; en verano, sobre la muñeca desnuda, resulta informal. Para ver los demás estampados de la firma, entra en el catálogo de Ernest.
Un paño suave y seco quita las huellas de los dedos en los eslabones y devuelve el contraste del follaje. Después deja el reloj plano en el cajón, en lugar de dejarlo tensado alrededor de algo más ancho que una muñeca: así el brazalete conserva su elasticidad más tiempo.