Este bolso beige tiene la superficie granulada y un bolsillo de parche delante, cerrado con una lengüeta coñac. De silueta trapezoidal, se mantiene de pie solo cuando lo dejas sobre una mesa, sin vencerse.
El forro lleva un estampado geométrico marrón y ocre, con un bolsillo abierto a un lado y otro de cremallera enfrente. La correa fina se engancha o se retira en un gesto. Medidas: 45 x 29 x 14 cm.
Dentro, el tono cambia: un estampado geométrico en marrón y ocre recorre todo el forro, más cálido que el exterior. A un lado hay un bolsillo de parche donde una libreta entra plana; enfrente, uno de cremallera para las llaves y el tarjetero. El compartimento principal no lleva divisiones, así que los objetos altos viajan de pie. Por fuera, en la parte trasera, un bolsillo horizontal con cremallera queda pegado al cuerpo para el abono de transporte.
La granulación recoge la luz y deja ver matices topo según cómo le dé la luz. En el bolsillo delantero, la solapa tiene un acabado nacarado y la sujeta una lengüeta coñac con hebilla de aguja, el único apunte cálido de un bolso por lo demás sobrio. Los cantos van pintados en tono oscuro, igual que los mosquetones y los tiradores. Si buscas otra silueta, mira los modelos rígidos, redondos y de patchwork de la misma familia.
Cabe más de lo que sugiere la silueta. Un portátil se apoya en horizontal sin quedar de canto, las carpetas A4 conservan las esquinas y todavía queda sitio para una botella. La profundidad impide que todo acabe amontonado abajo, y el fondo plano mantiene la forma aunque el bolso vaya medio vacío.
| Cómo se lleva | Dos asas blandas, correa regulable y desmontable |
|---|---|
| Materiales | Polipiel beige granulada, lengüeta coñac |
| Medidas | 45 x 29 x 14 cm |
| Cierre | Cremallera a lo ancho, bolsillo trasero con cremallera |
| Forro | Estampado geométrico, un bolsillo abierto, uno de cremallera |
Las dos asas blandas se juntan bajo una anilla metálica y pasan sin apretar por encima de la manga de un abrigo. Cuando necesitas las manos libres, engancha la correa fina: se ajusta el largo y se cruza sobre el cuerpo. Suelta los dos mosquetones y vuelves a tener un bolso de asas, sin nada colgando. La misma idea está detrás de los bolsos cruzados que dejan las manos libres.
Cada dos semanas basta, y siempre por las mismas zonas: el fondo, la cara interior de las asas y el borde del bolsillo delantero, que es donde el beige claro acusa antes el uso. La lengüeta coñac se limpia igual. Guardado sin aplastarlo, el bolso recupera la silueta de un día para otro.