Las asas de este bolso salen de dos anillos metálicos colocados en las esquinas altas. De ahí sale todo lo demás: asas cortas para llevarlo en la mano y una correa regulable para cuando prefieras soltar los brazos. Delante conviven cuatro texturas grises; la espalda, en cambio, es una pieza lisa con su bolsillo de cremallera.
Fíjate primero en las esquinas altas. Ahí van dos anillos oscuros, y de ellos arrancan las asas planas mediante una pestaña cosida. Los anillos metálicos hacen doble trabajo, porque son también el punto donde se enganchan los mosquetones de la correa. El tono es el mismo que el de los cursores de las cremalleras, así que nada desentona.
El gris apenas varía, de modo que lo que cambia es la superficie. Arriba una banda de tejido apretado, a la izquierda un triángulo más claro y moteado, abajo una zona lisa con un veteado suave y a la derecha unas costillas trenzadas en relieve. La espalda renuncia a todo eso: una pieza entera, sin cortes, con un bolsillo de cremallera puesto en horizontal.
Al superar los cuarenta centímetros de ancho, el bolso entra en otra categoría de uso: un neceser cabe de pie sin quedar encajado, y todavía sobra sitio al lado. Los 14 centímetros de fondo son los que permiten el volumen, porque el ancho por sí solo daría un sobre. Tres aberturas reparten el contenido:
El bolso se cierra siempre con cremallera, nunca con solapa ni con imán, y por dentro lleva un forro estampado de dibujo menudo con un bolsillo del mismo tejido. La correa regulable se quita por completo tirando de los mosquetones, y entonces solo quedan las asas cortas. Si esa altura de asa te resulta escasa, mira otros modelos con asas de distinta altura antes de decidir.
Y si prefieres un bolso al que se accede sin abrir ninguna cremallera, la comparación pasa por los formatos que se cuelgan del hombro sin correa.