Flores negras lacadas, perlas grises y hojas veteadas semitransparentes van montadas sobre hilos finos a lo largo de una cinta de satén negro. En el centro de cada corola hay un strass claro.
Es un collar corto: ajustable de 27 a 32 cm, cierra alto sobre las clavículas, con una cadena de extensión de 5 cm para el último ajuste.
La parte baja no está fija. Las hojas cuelgan de hilos finos y se balancean con cada paso, así que el collar se nota aunque nadie lo mire de frente. Es lo contrario de una gargantilla rígida: aquí el racimo central cae suelto y acompaña el movimiento del cuerpo en vez de quedarse quieto sobre la piel.
De lejos parecen parte del mismo bloque oscuro, pero de cerca se ven de un gris violáceo, semitransparentes y con las nervaduras marcadas. Son la única parte del collar que deja pasar la luz: contra la piel se aclaran, sobre un tejido oscuro se vuelven casi negras. Por eso la pieza no se ve igual en la mano que puesta, y conviene tenerlo en cuenta antes de descartarla por la foto.
Este collar cierra alto. Con un largo de 27 a 32 cm las flores quedan sobre las clavículas y el racimo baja solo por el centro, sin llegar a meterse en el escote. La cadena de extensión de 5 cm resuelve la diferencia entre un cuello despejado y uno cerrado, que es justo lo que se ve al probárselo.
| Tipo | Collar corto de bisutería, abanico floral en V con caída central |
|---|---|
| Largo | De 27 a 32 cm, ajustable |
| Ajuste | Cadena de extensión de 5 cm |
| Soporte | Cinta de satén negro |
| Colores | Negro y gris |
| Motivo | Flores lacadas con strass, perlas, hojas veteadas colgantes |
| Marca | Ikita |
Sobre negro juega con el relieve: primero se ven las corolas y los puntos claros de las perlas, después el color. Sobre burdeos, azul noche o verde botella el contraste es directo y el collar manda en el conjunto. Una boda de mañana y una cena de tarde no piden lo mismo, y en la selección pensada para ceremonias conviven las dos opciones.
Es una pieza con carácter, así que acierta de lleno con quien ya viste de oscuro y se queda a medio camino con quien no. Si no conoces tanto el estilo de quien lo va a recibir, un conjunto de collar y pendientes ya resuelto deja menos margen de error.
El satén negro atrae la pelusa y el pelo, y en él se nota todo lo que en un tejido claro pasaría desapercibido. Un paño ligeramente húmedo, pasado en el sentido del tejido, lo deja limpio; el cepillo de ropa, en cambio, levanta el raso y lo apaga. Guardado en una bolsita de tela, el satén se ensucia mucho menos entre una ceremonia y la siguiente, así que el paño acaba saliendo pocas veces.