La parte baja de la montura es la que se deja atravesar por la luz. Ahí el aro se vuelve rosa translúcido y se adivina el fondo a través de él, mientras que arriba el beige arena es casi opaco y no deja ver nada detrás.
El puente es la excepción: ahí el aro se estrecha tanto que el color desaparece del todo. El resto es un frente de mariposa de los anchos, con el borde superior subiendo hacia las sienes.
El degradado no es solo una cuestión de color: también cambia lo que la montura deja ver. Arriba, el beige arena es compacto y no se ve nada detrás. A media altura empieza a aclararse, y en el borde inferior el rosa se queda tan fino que el fondo se adivina. Al sol del mediodía esa franja se enciende y el rosa se ve más; a la sombra baja de tono y el frente parece casi todo beige. Es la misma montura, leída de dos maneras según la luz que tengas.
Empieza por las patillas, que son la parte que no cambia nunca. Son anchas, planas y de un crema lechoso tirando a verde, sin un solo cambio de tono en toda su extensión y sin rastro del beige ni del rosa. Solo cuando vuelves al frente aparece el degradado, y entonces se entiende que el color vive únicamente delante. Visto de frente, el violeta de las lentes es bastante más denso arriba y se va aclarando a medida que baja. Si buscas un frente menos ancho, ahí están los demás frentes de mariposa y ojo de gato.
Sobre pelo oscuro las patillas se ven enseguida; sobre pelo claro se funden y solo queda el frente. No es un detalle menor: decide si las gafas se notan de lado o únicamente de frente. Si prefieres que todo se lea como una sola gama, un pañuelo liso en tono arena repite el beige del aro alto a propósito y cierra el conjunto.
Ficha técnica